Hace unas semanas atrás me invitaron a la presentación de Wine Passport, una plataforma una plataforma diseñada para conectar a bodegas, sommeliers y consumidores de una manera completamente inédita.
Si pensamos en cómo la tecnología reescribió las reglas del juego en distintas industrias —como lo hizo Uber al conectar pasajeros con choferes—, el mundo del vino en Argentina estaba pidiendo a gritos una evolución similar.
Y ahí aparece justamente Wine Passport.

Esta nueva app permite a los sommeliers recomendar y vender vinos de distintos países directamente a sus clientes, quienes eligen, pagan online y retiran su pedido en un pickit point cercano. Pero para entender el impacto de esta herramienta, hay que conocer la historia detrás de la idea.
Actualmente los vinos disponibles son de Francia, Hungría, Italia, Australia y España.
El proyecto es el resultado de la visión de dos primos que combinaron sus talentos. Por un lado está Santiago Galli, quien tras 30 años en el mundo corporativo —15 de ellos dedicados al marketing y la comunicación en la industria del vino— decidió independizarse hace dos años para representar bodegas del mundo. Por otro está Sebastián Galli, “el hombre de los números”; un contador que lleva 20 años armando y estructurando proyectos en diversas industrias.
Cuando Santiago dejó la corporación en 2024, detectó una necesidad clara en Argentina: había que desarrollar y modernizar el sistema de importación de vinos. Al plantearle a Sebastián la idea de hacer algo diferente, comenzaron a analizar la cadena de valor tradicional.

Al observar el modelo tradicional, los primos notaron que existía una enorme intermediación entre la bodega y el consumidor final. Ante esto, se hicieron una pregunta clave: ¿Quién tiene el verdadero conocimiento en esta cadena? La respuesta fue unánime: el sommelier.
Para ellos el sommelier, quien tiene la pasión y el conocimiento para educar al cliente, “suele ser el que menos monetiza esa intermediación”.
Así, el diagnóstico de Wine Passport identificó tres grandes necesidades:
- El sommelier: Necesitaba acceso y disponibilidad real para ofrecer vinos importados y exclusivos.
- El consumidor: Desconocía la historia, la filosofía y la trazabilidad del vino, ya que esa información se perdía en la cadena tradicional.
- La bodega: Le costaba horrores llegar con su mensaje y su esencia directamente al consumidor final.
Con el problema sobre la mesa, decidieron poner al sommelier en el centro de la escena. Como los profesionales del vino tienen el know-how pero carecen de la infraestructura logística y comercial, Wine Passport se encarga de todo lo operativo.

Durante la presentación explicaron cómo es el funcionamiento para el profesional es un paso a paso que implica registrarse en la plataforma, hacer una curaduría del portfolio que ofrecen y, finalmente, generar un link personalizado para compartir con sus clientes.
Santiago contó que a través de este sistema, el sommelier “gestiona su propio marketplace sin tener que lidiar con la compra de stock, la facturación ni los envíos. Todo ese peso operativo recae sobre la estructura de Wine Passport“.
Además, Sebastián explicó que el modelo de Wine Passport está diseñado para generar beneficios en cada punto de la red.

Por un lado para el sommelier, que obtiene rentabilidad directa por cada venta y además accede a ciclos de capacitación exclusivos con los propietarios y enólogos de las bodegas.
Por otro las Vinotecas (Pickit Points), que al funcionar como puntos de retiro de la mercadería, logran atraer tráfico de público nuevo a sus locales.
Y por último,el Consumidor, quien accede a etiquetas internacionales con la confianza y el respaldo de la recomendación de un experto.
Sobre el final destacaron que la curaduría del catálogo no está librada al azar; los vinos son validados por un panel de sommeliers, dueños de vinotecas y expertos del sector.
Para cerrar surgieron algunas preguntas del público que asistió a la presentación y el foco estuvo puesto sobre la logística en el interior del país. Sobre ese tema, explicaron que la plataforma ya está resolviendo la logística en puntos clave de Argentina, como Salta y Posadas.
Allí, la dinámica funciona con Wine Passport que coordina la entrega con el pickit point local, y el sommelier de la zona que puede incluso utilizar ese mismo espacio para organizar degustaciones con sus clientes.

En el horizonte próximo de Wine Passport la búsqueda está puesta en la expansión. Actualmente se encuentran gestionando el ingreso de más bodegas internacionales que buscan entrar al mercado argentino a través de este modelo, y ya preparan el terreno para sumar bodegas nacionales de alta gama a su catálogo.
A priori el surgimiento de esta plataforma parece ser una buena idea para resolver algunos puntos flacos, sobre todo en la venta de importadores. Será cuestión de estar atentos a ver cómo lo reciben y lo utilizan los sommeliers que son los protagonistas de este circuito.
Gracias al equipo de Wine Passport por la invitación. Salú!




