De aquel viaje a la Patagonia una de las primeras paradas se dio en en el corazón de San Patricio del Chañar, donde el paisaje es abierto, seco y ventoso, para visitar Bodega Malma.
El proyecto pertenece a la familia Viola, que lo lanzó al mercado en 2004 y hoy conduce sus viñedos, su bodega y su propuesta enoturística en el Valle del río Neuquén.
Julio Viola adquirió tierras incultas en San Patricio del Chañar en 1995 y encaró un proyecto de desarrollo para volverlas productivas mediante acueductos y nuevos sistemas de riego de origen israelí. La viticultura arrancó en 1999, con una parcela experimental de tres hectáreas cuya primera cosecha se concretó en 2002.
Viola fue además uno de los pioneros de toda la subregión de San Patricio del Chañar, y su historia incluye también el desarrollo de Bodega del Fin del Mundo, que la familia gestionó en sociedad con Corporación América hasta 2019, cuando los Viola se separaron de ese holding para concentrarse en Malma.
Con el paso del tiempo, las diferencias iniciales entre parcelas se fueron corrigiendo mediante injertos, lo que permitió afinar la expresión de cada sector del viñedo. Hoy Bodega Malma tiene alrededor de 130 hectáreas propias y el enólogo Lucas Quiroga está a cargo de la elaboración.

El terroir: tres ambientes en un mismo viñedo
El viñedo de Bodega Malma se organiza sobre tres ambientes bien definidos. La zona alta de la barda, más pedregosa, se conoce como terraza pleistocénica. Le sigue una zona de abanicos o pendientes aluvio-coluviales, más heterogénea, y por último la terraza fluvial moderna, más baja, donde predominan el limo y la arcilla. Ahí el suelo es más frío y la uva madura con mayor lentitud.
En el sector medio aparece algo de canto rodado, mientras que hacia la barda norte dominan los carbonatos, con suelos pobres en materia orgánica y una estructura más exigente para la planta. Ese conjunto de condiciones extremas termina moldeando el estilo de los vinos de la bodega.
Clima, viento y sanidad del viñedo
El clima es un factor central en Bodega Malma. La brisa permanente, la mínima humedad y la amplia radiación solar generan bayas más pequeñas, mayor concentración y piel más gruesa. A la vez, esas condiciones reducen casi a cero la necesidad de pesticidas: la botrytis prácticamente no aparece y el oídio, la única amenaza relevante, se controla con una o dos aplicaciones anuales de azufre entre noviembre y diciembre.
Esa sanidad homogénea también simplifica la cosecha. El viñedo está plantado con orientación este-oeste, para asegurar exposición solar en ambas caras, con conducción en cordón bilateral y poda pitoneada.
Las parcelas se diseñaron para permitir mecanización, algo clave en una región donde la industria petrolera compite por la mano de obra: la cosecha mecánica está completamente integrada al sistema, con rendimientos equivalentes a unas 80 personas, y reduce la necesidad de selección manual.

El desafío del agua en la Patagonia
La gestión del agua es parte fundamental de la producción en una región donde cada recurso tiene un valor particular. El proyecto de Bodega Malma requirió desarrollar un sistema de irrigación que reencauza agua de deshielo del río Neuquén hacia las chacras, con un canal de 20 kilómetros, siete plantas de bombeo, centrales de filtrado y riego por goteo localizado, computarizado y automatizado. Ese sistema de riego por canal se complementa con goteo parcela por parcela.
Aunque los viñedos no se implantaron originalmente en función de los tipos de suelo, algo poco habitual en ese momento, hoy la cosecha se decide mirando cada parcela en particular, con un calendario corto y decisiones precisas.
Las pieles más gruesas que produce el clima aportan mayor carga de antocianos, lo que se traduce en vinos de color intenso, buena estructura y un perfil fresco y vibrante. Esa misma concentración de taninos exige trabajar con precisión en la extracción, para evitar excesos de astringencia. Los blancos, en cambio, muestran una aptitud especial como base de espumantes.
En la bodega, certificada por sus procesos sostenibles, el enfoque es técnico y controlado. El vino se construye a partir de la uva, con uso de sulfitos, levaduras seleccionadas, nutrientes y, según el año, ajustes de acidez mediante ácido tartárico.
Sustentabilidad: los sellos que respaldan a Bodega Malma
Durante la visita Lucas nos contó que en Bodega Malma integran el cuidado del viñedo, el uso de los recursos, la trazabilidad y el vínculo con el entorno patagónico dentro de un mismo enfoque de sustentabilidad. En sus viñedos fomenta la biodiversidad, reduce al mínimo el uso de insumos externos y cuida la calidad del agua y la vida del suelo, con la mirada puesta en preservar un paisaje vivo y en producir a largo plazo.
Ese trabajo está certificado. Bodega Malma obtuvo el sello Vitivinicultura Argentina Sostenible, impulsado por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) y el Consejo Federal de Inversiones, y es una de las tres bodegas patagónicas —junto a Bodega Trina, en Río Negro, y Nant y Fall, en Chubut— que lo consiguieron en la primera convocatoria del programa.
A esa certificación se suma el sello Bodegas de Argentina, Sustentabilidad Certificada, que junto con el anterior contempla el uso eficiente del agua y la energía, la gestión de residuos, las prácticas vitícolas y el impacto social y laboral.
Bodega Malma cuenta además con certificación vegana para los vinos correspondientes y con certificación orgánica para su línea Intemperie, que exige controles durante tres años en el viñedo y uno en tanque, con renovación anual.

El portfolio de vinos de Bodega Malma
El portfolio está claramente segmentado por niveles. La línea Papay agrupa vinos jóvenes y frutados, mientras que Reserva suma complejidad. Universo trabaja sobre selección de hileras, en homenaje a la familia Viola y al valle, con etiquetas como Malma Universo MB 2024 o el Universo Blend 2024, un corte de 60% cabernet sauvignon y 40% merlot.
Rara Avis representa el nivel más alto del portfolio, con foco en chardonnay y pinot noir. Intemperie, por su parte, es la línea orgánica certificada: viñedo aislado, sin paso por madera y con sulfitos inferiores a 60.
El proyecto también incluye líneas vinculadas a territorios específicos, como Correntoso, asociada al hotel de Villa La Angostura, y Comahue, elaborada con uvas de sectores más cercanos al río, donde la tierra fértil aporta mayor estructura y presencia de roble.
Entre las variedades cultivadas están sauvignon blanc, chardonnay, pinot noir, merlot, malbec y cabernet sauvignon, y la bodega ya proyecta sumar cabernet franc.
Desde la Patagonia, Bodega Malma exporta sus vinos a distintos mercados internacionales, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido y Brasil.

La historia de Bodega Malma resume lo que puede lograrse en un entorno exigente: viento constante, escasa humedad y suelos pobres, transformados en un viñedo de 130 hectáreas gracias a un sistema de riego propio y a un manejo de precisión, parcela por parcela.
Entre el trabajo de la familia Viola, la mirada técnica del enólogo Lucas Quiroga y las certificaciones de sustentabilidad que respaldan cada etapa del proceso, Malma construyó una identidad que hoy se expresa tanto en sus vinos como en su propuesta enoturística en San Patricio del Chañar.
Gracias a Lucas y equipo por recibirme. Salú!



