El primer día de aquel viaje a la Patagonia terminó con la visita a Bodega Patritti, un proyecto familiar ubicado en San Patricio del Chañar, Neuquén, encabezado por Rubén Patritti, un empresario que dejó la industria petrolera para dedicarse al vino.
Ahí nos esperaba su enólogo, Nicolás Navio, para probar junto a él los vinos que elaboran.
Pero antes, repasamos un poco la historia de Rubén Patritti. Una historia que no es lineal: incluye una primera bodega de gran escala, una venta forzada durante la pandemia y un regreso, ya en sociedad con dos socios y con el enólogo Nicolás Navío, para levantar un proyecto boutique bajo la misma marca.

Los orígenes de Bodega Patritti
Rubén Patritti desarrolló su carrera en la industria petrolera hasta que, en 2003 y con 60 años, decidió retirarse para cumplir un sueño postergado: elaborar sus propios vinos. Ese año realizó las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar, entonces una zona todavía incipiente para la vitivinicultura patagónica.
El proyecto original salió al mercado en 2008 y creció con fuerza durante más de una década: llegó a producir dos millones de litros anuales, con 110 hectáreas de viñedos propios. Esa escala se sostuvo hasta 2020, cuando la pandemia coincidió con una enfermedad que Patritti logró superar, pero que lo obligó a desprenderse de la bodega.
Es ahí que entonces la compra el Grupo Peñaflor, cuya planta en la zona hoy se conoce como Marantiqua.
Cómo renació el proyecto tras la venta
Pero esa venta no incluyó todo. Patritti conservó 30 hectáreas ubicadas en la parte más alta del terreno, además del uso de sus marcas y de los nombres de sus líneas de vino, y acordó con Peñaflor que la empresa siguiera entregándole vinos ya elaborados de forma provisoria, mientras armaba su propia producción. No encontró otro terreno disponible en la zona, así que decidió construir de nuevo a pocos metros de la bodega original, esta vez en sociedad con Sergio Paredes y José Pannunzio.
Con ellos desarrolló un nuevo viñedo de seis hectáreas, donde se implantaron las variedades que hoy definen el estilo de sus vinos: merlot, chardonnay y pinot noir.
La obra quedó terminada en 2023, año en el que Nicolás Navío dejó Peñaflor para volcarse por completo al proyecto de Patritti.

La nueva bodega: una construcción reciclada
Para hacer realidad el edificio actual de Bodega Patritti, aprovecharon un galpón industrial recuperado, cuya estructura de hierro y paneles fueron desmantelados y trasladados desde Buenos Aires. El resultado es una construcción pensada para la practicidad y la funcionalidad, con buena aislación térmica y una capacidad total de 200.000 litros.
Para la elaboración cuenta con tres tinas de hormigón, huevos de concreto y una serie de tanques de acero inoxidable de menor volumen, a los que se suman 16 tanques grandes de entre 108 y 152 hectolitros, comprados de segunda mano a otra bodega.
En cuanto a Nicolás Navío, su historia con la bodega se remonta al año 2008, en la etapa de la primera bodega, pero esa relación quedó en pausa tras la venta a Peñaflor. Volvió a sumarse en 2023, cuando dejó su puesto en esa empresa para encarar junto a Patritti este nuevo desafío a tiempo completo.
Los viñedos y el desafío del terroir en San Patricio del Chañar
Durante la visita, a Bodega Patritti pero también en otras de la zona, uno de los comentarios que más se repetían eran los vinculados a las dificultades para cultivar.
Este trabajo implica lidiar con condiciones exigentes, aunque suele ser justamente en esos límites donde se forjan los rasgos de los vinos con más carácter.
Son suelos pobres y de tonos claros, así que el sol se refleja sobre las plantas y adelanta la maduración de la uva, un efecto que en Bodega Patritti buscan atenuar con la implantación de verdeos entre las hileras. En algunos sectores incluso fue necesario agregar cal por la presencia de sales en la superficie.
La plantación se hizo en alta densidad, con 4.500 plantas por hectárea, y recién se alcanzó el segundo ciclo de “verde”, a partir del cual comenzaron las primeras pruebas de vinificación. Los rendimientos son bajos si se los compara con Cuyo, entre 7.000 y 8.000 kilos por hectárea, y el manejo de los viñedos está a cargo de Sebastián Landerreche, ingeniero agrónomo mendocino.

Cuánto produce Bodega Patritti hoy
La producción con uva propia es acotada: el objetivo es llegar a un máximo de 50.000 botellas. Para completar el volumen, la bodega compra uva malbec en Mainqué y en El Chañar, a un vecino de apellido Aicardi que posee 20 hectáreas adquiridas en su momento al propio Patritti, además de uva pinot noir proveniente de Añelo. Entre uva propia y comprada, hoy comercializan alrededor de 100.000 botellas, sin destinar nada a vino a granel.
Las líneas de vinos de Bodega Patritti
Primogénito
El nombre de esta línea nace de una historia personal. Rubén Patritti y su esposa no tuvieron un primer hijo varón que llevara adelante su apellido, así que decidieron construir “algo perdurable” que trascendiera en el tiempo: sus vinos. El concepto simboliza el deseo de dejar un legado, una obra que permanezca con la misma dedicación que se pone en la familia.
Primogénito Sangre Azul
Dentro de esa misma línea, “Sangre Azul” representa a los “padres” de ese legado: una generación que aporta distinción y carácter a estos vinos, elaborados con uva proveniente de las mejores parcelas de Bodega Patritti.
La historia de Bodega Patritti resume bien lo que puede pasar en la industria del vino: un proyecto de gran escala que se pierde, en este caso, por una crisis personal y sanitaria, y que vuelve a levantarse en una versión más chica, más artesanal, pero con la misma identidad.
Entre Rubén Patritti, sus socios Sergio Paredes y José Pannunzio, y el regreso de Nicolás Navío a la enología, el proyecto encontró en San Patricio del Chañar un terroir exigente que, lejos de ser un obstáculo, terminó marcando el estilo de sus vinos actuales.
Gracias Nico por recibirnos. Salú!



