Una de las paradas obligadas durante mi último viaje a la Patagonia fue la que involucró visitar Bodega Miras, un proyecto vitivinícola familiar ubicado en Mainqué, dentro del Alto Valle de Río Negro.

Ahí me esperaba el propio Marcelo Miras, enólogo mendocino con más de tres décadas de trabajo en la región, junto a parte de su familia para conocer sobre su finca, las plantas centenarias, las nuevas incorporaciones varietales y la historia de su bodega.

Marcelo Miras y su hijo Pablo Miras
Marcelo Miras y su hijo Pablo Miras

Quién es Marcelo Miras

Como les decía más arriba, Marcelo Miras nació en Mendoza y desciende de una familia de viñateros de San Rafael, donde sus abuelos, de origen andaluz, trabajaban la tierra. Ese oficio aprendido de chico terminó convirtiéndose en su vocación y, con los años, también en la de varios de sus hijos.

Su llegada a la vitivinicultura profesional estuvo marcada por Raúl de la Mota, el asesor histórico de Humberto Canale, quien lo invitó a sumarse a esa bodega a fines de 1990, cuando Marcelo tenía 26 años y ya era padre de Andrés y Pablo. Permaneció allí durante doce años y más tarde continuó su carrera en Bodega del Fin del Mundo.

En 1999 apareció otro nombre clave en su recorrido: Hans Vinding-Diers, fundador de Bodega Noemía, le propuso colaborar en la elaboración de sus primeros vinos y lo impulsó a desarrollar un proyecto propio, al punto de regalarle dos barricas Radoux mientras Marcelo todavía trabajaba en Fin del Mundo.

Elaborar sus propias etiquetas mientras seguía empleado en una gran bodega se volvió, con el tiempo, insostenible, así que decidió dedicarse por completo a lo suyo. El proyecto se llamó primero Chacras del Sol y más adelante pasó a llevar su nombre y apellido.

Por su trayectoria, Marcelo Miras fue reconocido por un grupo de enólogos y técnicos de Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa como una de las figuras más representativas de la vitivinicultura patagónica, distinción que resume más de treinta años dedicados a construir identidad para los vinos del Alto Valle.

A ese reconocimiento regional se suma uno internacional: el Master of Wine británico Tim Atkin lo distinguió como Enólogo Leyenda.

Viñedo de Bodega Miras
Viñedo de Bodega Miras

Una empresa familiar de principio a fin

Marcelo suele decir que llegar hasta acá les llevó mucho tiempo, y que se trata, ante todo, de una bodega familiar. Junto a su esposa Sandra, tuvieron cinco hijos: Andrés, licenciado en diseño gráfico radicado en Mendoza; Pablo, el segundo y también enólogo; Luciano; Ana; y Celeste. Entre todos se reparten las distintas etapas del proyecto, desde la cosecha y la elaboración hasta la crianza, el embotellado, el marketing y la comercialización, sin intermediarios entre lo que producen y lo que finalmente llega a la copa.

Antes de tener tierra propia, Marcelo compraba uva porque conocía a prácticamente todos los productores de la zona, muchos de ellos contactos de su etapa en Humberto Canale. Recién en 2017 compró, a Ángel Castro, la chacra de Mainqué que hoy es la base de Bodega Miras.

La conocía desde 1997, dos décadas antes de adquirirla, y para ese momento estaba prácticamente abandonada. En su momento también habían evaluado otra propiedad de seis hectáreas de frutales, pero terminaron eligiendo esta por sus viñedos ya existentes.

Puesta en valor de a poco, la propiedad conserva plantas de malbec y de loca blanca que datan de 1958 y que todavía producen. La finca tiene diez hectáreas totales, de las cuales 8,3 están implantadas, sobre suelos de entre 1,60 y 2 metros de profundidad, compuestos principalmente por arena y arcilla.

Finca de Bodega Miras
Finca de Bodega Miras

Loca blanca, malbec y trousseau: el patrimonio varietal de Mainqué

Uno de los sectores más antiguos de la chacra está plantado con loca blanca, nombre con el que los viejos viñateros del Alto Valle bautizaron al torrontés mendocino. Es una variedad de perfil menos aromático que otros torrontés, con mucho volumen de producción, y fue durante años la uva blanca más plantada en Río Negro.

Durante el recorrido por la viña, Marcelo nos contó que el diseño original del viñedo alternaba dos filas de loca blanca por cada fila de malbec, que funcionaba como polinizador: la loca blanca tiende a correrse de un año a otro y necesitaba esa ayuda para completar bien la polinización. De esa particularidad derivó, justamente, su nombre.

El malbec, por su parte, se conserva en espaldero bajo original, aunque con los años el primer alambre se elevó de 60 a 90 centímetros para proteger las plantas de las heladas y facilitar la cosecha, algo que todavía se nota en las plantas más viejas.

Durante los años 70, cuando la uva se pagaba según el contenido de azúcar y los grados Baumé, los productores del Alto Valle privilegiaban variedades criollas capaces de alcanzar buena madurez, como la propia loca blanca y el malbec. Hoy conviven en la chacra, además de esas dos, cabernet franc, cabernet sauvignon, pinot noir en parral, trousseau y semillón, mientras continúan recuperando los viejos pies de malbec y loca blanca mediante mugrones y nuevas plantaciones.

Toda la producción de la chacra cuenta con certificación orgánica. El manejo sanitario se apoya principalmente en azufre y en verdeos que se cortan durante el invierno y se incorporan al suelo para atenuar el impacto de las heladas, uno de los riesgos más presentes en la memoria de los productores de la zona desde los eventos de 2017 y 2021. La protección se basa en métodos pasivos: mantener los suelos verdes, conservar humedad y, como no sin algo de verdad comentó Marcelo, rezar.

Marcelo señala además que el cambio climático benefició en general a la región, sobre todo para variedades como el cabernet sauvignon: en los años 90 solo una de cada tres o cuatro cosechas lograba una maduración pareja, mientras que las temperaturas actuales permiten resultados más consistentes.

Algunos recipientes de Bodega
Algunos recipientes de Bodega

Bodega Miras: La pequeña bodega garage de Mainqué

Marcelo también contó que hoy la elaboración total de Bodega Miras ronda los 400.000 kilos de uva, en su mayoría vinificados en Estepa, una bodega antigua de Fernández Oro que la familia alquila.

Desde 2018, sin embargo, la uva de la chacra de Mainqué se elabora en el mismo lugar donde crece: para eso construyeron un galpón y una pequeña bodega tipo garage, equipada con dos huevos de polímero de 14 hectolitros, tanques de acero inoxidable de entre 5 y 60 hectolitros y unas 25 barricas.

Todo el establecimiento está certificado orgánico; cuando trabajan con partidas de uva sin esa certificación, identifican los tanques correspondientes como no convencionales. La chacra produce hoy unos 50.000 kilos de uva por año, con el objetivo de llegar a 80.000, y un 25% de la producción total de la bodega se exporta.

Entre las curiosidades varietales que sobreviven en la zona, Marcelo nos habló también a la laska, el tokai friulano y la rieslina, un cruce entre riesling y sultanina desarrollado por el ingeniero Gargiulo en la estación experimental del INTI en Villa Atuel.

Los vinos de Bodega Miras
Los vinos de Bodega Miras

Las líneas de vinos de Bodega Miras

En cuanto a cómo se divide actualmente la producción actual de Bodega Miras esta se organiza en cuatro líneas, que en conjunto suman 25 etiquetas.

Todo comienza con Miras Jovem que agrupa nueve vinos jóvenes: Chardonnay, Malbec, Merlot, Naranjo, Pinot Noir, Pinot Salvaje, Rosé, Semillón y Trousseau.

Luego le sigue Miras Livianos que reúne expresiones frescas de Loca Blanca, Malbec, Pinot Negro y Pinot Rosé. A estas dos líneas le continúa Miras Crianza que incorpora paso por barrica en Cabernet Franc, Chardonnay, Malbec, Merlot, Pinot Noir y un corte Reserva.

Y finalmente está Familia Miras, que es la línea superior, presentada en cajas de dos botellas, con Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Pinot Noir y Semillón.

Me quedó claro durante la visita que detrás de cada botella de Bodega Miras hay un trabajo sostenido de recuperación de viñedos antiguos, defensa del patrimonio varietal del Alto Valle y una estructura familiar donde cada hijo ocupa un rol concreto.

Gracias Marcelo y familia por recibirnos. Salú!

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