Cuando se piensa en vino argentino, lo primero que viene a la mente suele ser Mendoza, Salta o la Patagonia, y en los últimos años se sumaron a esa lista provincias como Córdoba y Jujuy.
Hay, sin embargo, una región que tuvo su propio auge vitivinícola, lo perdió por una ley nacional y hoy lo reconstruye de a poco: Entre Ríos.
El auge del vino de Entre Ríos en el siglo XIX
La historia vitivinícola de Entre Ríos es más antigua de lo que suele pensarse. Ya en el siglo XIX, inmigrantes europeos encontraron en las barrancas del Paraná y en los suelos fértiles de la provincia un lugar apto para plantar vides. Hacia fines de ese siglo, la provincia llegó a tener unas 5.000 hectáreas de viñedos y cerca de 120 bodegas a principios del siglo XX, con vinos que abastecían a la región y formaban parte de su vida social y económica.
De hecho, llegó a ser la cuarta provincia productora de uva y de vino del país, al punto de que se hablaba de ella como “la gran viña del litoral”. Otras crónicas ubican ese pico productivo hacia fines de la década de 1920, con cifras algo distintas pero en la misma magnitud.

La ley 12.137 y la prohibición del vino de Entre Ríos
En 1934, en plena crisis de sobreproducción vitivinícola, se sancionó la ley nacional 12.137, pensada para proteger a Mendoza y San Juan. La norma prohibió la producción y comercialización de vino fuera de la región de Cuyo, y Entre Ríos, que sí podía dedicarse a otros cultivos, quedó afuera.
Como consecuencia, las bodegas de la provincia cerraron y, durante décadas, las viñas fueron arrancadas: el vino entrerriano desapareció del mapa y quedó apenas en la memoria de las familias de aquellos inmigrantes que habían plantado las primeras parras.
1993: la derogación de la ley y el regreso del vino entrerriano
Recién en 1993 esa ley fue derogada, a partir de un proyecto impulsado por Augusto Alasino, senador nacional radicado en Concordia, Entre Ríos. La nueva norma, la ley 24.037, terminó con la restricción territorial y permitió volver a producir y comercializar vino en cualquier región del país. A partir de ahí, productores y emprendedores de la provincia empezaron, poco a poco, a replantar viñedos, recuperar tradiciones y adaptar variedades a un contexto distinto al de un siglo atrás.
De 2003 a 2010: cómo se reconstruyó la vitivinicultura de Entre Ríos
La primera bodega industrial de esta nueva etapa del vino de Entre Ríos arrancó en 2003, y en 2006 recibió esa categoría formalmente Bodega Vulliez Sermet, ubicada en Colón, sobre el río Uruguay, y hoy conducida por la propia María Jesús Vulliez.
Para entonces ya había en la provincia varios productores que venían plantando uva en sus campos desde ese mismo 2003, y en 2010 decidieron formalizar ese trabajo conjunto con la fundación de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos, pensada para ganar fuerza y visibilidad como grupo. Desde entonces la asociación gestionó capacitaciones con enólogos e ingenieros agrónomos de Uruguay, con el apoyo del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y del gobierno provincial, orientadas al manejo de la vid en el terruño y el clima particulares del litoral.

Cómo es hoy el vino de Entre Ríos: hectáreas, variedades y estilo
Hoy la provincia cuenta con unas 80 hectáreas cultivadas y un número creciente de bodegas, todavía lejos de las 5.000 hectáreas del siglo XIX pero con una identidad propia. El perfil del vino de Entre Ríos está marcado por la frescura, la acidez y el carácter de los suelos del litoral, y las variedades que mejor se adaptaron a esas condiciones son malbec, tannat, merlot y chardonnay. A la par de las bodegas crece también el enoturismo, con propuestas que combinan naturaleza, cultura y gastronomía.
Entre Ríos, Entre Viñas: el evento que muestra el renacer del vino entrerriano
Parte de ese trabajo de posicionamiento pasa por comunicar la región hacia afuera, y ahí aparece Entre Ríos, Entre Viñas, un encuentro anual organizado por AVER junto al gobierno provincial y el CFI, donde bodegas, productores y público comparten degustaciones, charlas y música.
Encuentros como este funcionan como una forma más de mostrar que la provincia dejó de ser un actor secundario y hoy es parte activa del mapa vitivinícola argentino.
El vino de Entre Ríos resume una historia de resiliencia: una actividad arrancada por decreto que, décadas después de su prohibición, volvió a plantarse y hoy crece de la mano de productores, bodegas y encuentros como Entre Ríos, Entre Viñas. Si hasta ahora Entre Ríos se asociaba solo con sus ríos, sus naranjas y su carnaval, esta recuperación muestra que también es, cada vez más, tierra de vino.
Salú!



