El último día del viaje por la Patagonia la visita se centró en un solo lugar: Mabellini Wines. Allí me recibieron Carlos Mabellini y Lorena Creide, sus propietarios.

Para empezar, hay que decir que Mabellini Wines es una bodega familiar patagónica que produce malbec, chardonnay, merlot, pinot noir y cabernet franc a partir de viñedos propios ubicados en dos zonas históricas del vino argentino: Confluencia, en Neuquén capital, y Mainqué, en Río Negro.

La familia Mabellini, con raíces en Cinco Esquinas desde 1928, hoy suma como enóloga principal a Valeria López y como asesor a Daniel Pi.

Lorena Creide y Carlos Mabellini
Lorena Creide y Carlos Mabellini

Mainqué: la tierra donde se escribió la primera historia del vino patagónico

Para empezar, y al pie de uno de los viñedos, Carlos nos contó un poco de la historia de la zona.

Antes de que existiera Mabellini Wines, Mainqué ya era tierra de vid. La zona empezó a poblarse cuando la familia Martins se instaló en el norte de Neuquén para producir, y las grandes inversiones llegaron recién en 1912, en un contexto todavía atravesado por la disputa de límites con Chile: en 1870 se habían realizado los primeros estudios de campo para definir esa frontera.

Fue el ferrocarril inglés el que, en 1902, trajo cuatro clones de Dijon que se plantaron en lo que hoy es Mainqué, sentando una de las bases genéticas más antiguas de la viticultura de la región.

Sobre esa tierra, la uva de Mainqué se junta hoy desde dos lugares distintos: el terreno original, heredero de aquellos clones traídos por el ferrocarril inglés, y una segunda finca comprada en 2022, que pertenecía a la familia Verdechia y que había sido plantada hace cien años, a mil metros de distancia de los viñedos de Miras y de Noemia.

Son veinte hectáreas que antes eran propiedad de Kamada, un enólogo que le vendía el pinot noir a Chacra y el malbec a Noemia, dos referencias ineludibles del vino patagónico. Cuando Mabellini adquirió la finca no sabía con certeza qué variedades tenían plantadas sus 112 filas, así que encargó un estudio varietal: el resultado arrojó un 80% de malbec, cabernet sauvignon, merlot, bonarda, zinfandel, petit verdot, trousseau y variedades criollas.

Algunos tanques de inox en Mabellini Wines
Algunos tanques de inox en Mabellini Wines

Confluencia y la historia de los Mabellini

La otra mitad del proyecto tiene domicilio en Neuquén capital, en Colonia Confluencia, una zona anexa a la ciudad que debe su nombre a la unión de los ríos Limay y Neuquén, que al juntarse dan origen al río Negro. Ahí, a un kilómetro del Limay, a 300 metros del Neuquén y a 1,8 kilómetros del propio Negro, Carlos Mabellini y su esposa Lorena Nicolás Creide compraron la Chacra Confluencia: seis hectáreas de las cuales 4,5 se plantaron con vid en 2017, en alta densidad, reemplazando los frutales que había originalmente en el predio.

Es el viñedo que hoy se puede visitar y el que reúne las cuatro variedades insignia de la bodega: chardonnay, malbec, pinot noir y cabernet franc.

Entre la Chacra Confluencia y las tierras de Mainqué, la familia suma 25 hectáreas propias de viñedo y no compra uva a otros productores: todo lo que se embotella sale de esas dos fincas.

Los vinos de Mabellini Wines
Los vinos de Mabellini Wines

Pero la historia de los Mabellini con el vino empieza mucho antes de esas plantaciones, en 1928, cuando los abuelos de Carlos llegaron a Cinco Esquinas y se instalaron con frutales y vides. Con esa primera cosecha elaboraban un vino artesanal que los vecinos conocían como “el vino alegre”: era de consumo familiar, aunque igual llegaban a producir ocho mil litros por año.

Carlos no llegó a conocer a sus abuelos, pero su padre, el único de la familia nacido en Argentina, le repetía que había que seguir haciendo vino. Quien elaboraba el vino en esa generación era su tío Giovanni, en una chacra que originalmente tenía peras y manzanas y que con el tiempo se replantó con vid.

De esa memoria familiar, y no de una estrategia de mercado, nace el proyecto que hoy es Mabellini Wines.

La sala de barricas de Mabellini Wines
La sala de barricas de Mabellini Wines

Los vinos y el equipo detrás de las etiquetas

Mabellini Wines organiza su portfolio en cuatro varietales, cada uno con una línea estándar y una línea “Gran”: Malbec y Gran Malbec, Chardonnay y Gran Chardonnay, Merlot y Gran Merlot, y Pinot Noir y Gran Pinot.

La diferencia entre una y otra depende del punto de maduración de la uva y de la crianza: casi todos los vinos pasan por barricas de distintos usos, mientras que las líneas Gran se crían en fudres y toneles, buscando una madera más integrada y menos protagónica.

De los vinos que probamos durante la visita, mis favoritos fueron el Gran Chardonnay y el Pinot Pinot.

La producción de Mabellini Wines viene creciendo año a año, siempre con fruta de sus propios viñedos: 7 mil botellas en 2021, 15 mil en 2022, 23 mil en 2023 y 75 mil en 2024, con la meta de llegar a las 100 mil.

Como les conté más arriba, al frente de la bodega está Valeria López, enóloga principal desde hace cuatro años, con experiencia previa en Fin del Mundo y en Aniello.

Vista del viñedo de Mabellini Wines
Vista del viñedo de Mabellini Wines

Lo que queda de todo esto es una bodega que no inventó una historia para vender un vino, sino que encontró un vino para continuar una historia.

Entre el ferrocarril inglés que trajo los primeros clones a Mainqué y el tío Giovanni que llenaba ocho mil litros para los vecinos de Cinco Esquinas, Mabellini Wines arma un relato patagónico con capas: la del territorio y la de la familia, que en este proyecto terminan siendo la misma.

El desafío ahora es que ese vino alegre de antes llegue, con otro nombre y otra escala, a muchas más mesas.

Gracias Carlos, Lorena y familia por recibirme. Salú!

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