Durante el último viaje a la Patagonia una de las visitas que hicimos fue a Ribera del Cuarzo, donde nos recibió Felipe Menéndez, conductor de la bodega que está ubicada en Valle Azul, Río Negro, y que en los últimos años se volvió una de las referencias obligadas del vino patagónico.
La visita sirvió para recorrer el viñedo al pie de la barda, conocer la bodega por dentro y escuchar de primera mano una historia que combina un apellido con siglo y medio de peso en la Patagonia con la decisión personal de Felipe de convertirse en la primera generación de hacedores de vino de su familia.
Vale decir que n los Premios Winexplorers 2026, Ribera del Cuarzo fue elegida “mejor bodega pequeña” por el jurado y “bodega argentina del año” por el voto del público. La enóloga María Eugenia Herrera, además, fue distinguida como Enóloga Revelación.

De la naviera al vino
Felipe conoció a la familia Catena desde muy joven: su hermana mayor y Adriana, la hija de Nicolás Catena, compartían en Buenos Aires el auto para ir al colegio.
Ese vínculo fue determinante cuando, a los 19 años, decidió explorar un rumbo profesional distinto al que parecía tener predestinado como hijo varón mayor: seguir en la empresa naviera de los Menéndez, que desde 1892 une por mar Buenos Aires con Tierra del Fuego transportando todo lo que la isla necesita.
La relación con los Catena le abrió la puerta para empezar a trabajar en Catena Zapata siendo muy joven y pasar por distintas áreas de la bodega.
Aunque su historia con Valle Azul nació en 2008, durante un comité de cata a ciegas. Ahí notaron un vino particular que los sorprendió a todos: un malbec que producía Noemí Marone Cinzano.
Le pidieron al propio Nicolás Catena que lo probara, lo calificó de “exótico” y acordaron que había que ir a explorar el lugar. El jueves siguiente, Felipe y el enólogo Ernesto “Nésti” Bajda ya estaban recorriendo el terreno. Les llamó la atención que, en la ribera de las bardas, el suelo parecía parpadear con brillos por todos lados: eran los reflejos del sol en las partículas de cuarzo.
Ahí mismo rebautizaron el lugar como Ribera del Cuarzo.

La conexión de los Menéndez con la Patagonia y con el vino no es casual. Aunque la familia siempre vivió en Buenos Aires, tiene raíces maternas con los fundadores de Concha y Toro en Chile: Casa Pirque, la distribuidora de vinos de alta gama que también es de su propiedad, lleva ese nombre en honor a la casa de esa bodega ubicada en Pirque, que la familia vendió hace pocos años.
Felipe cuenta, además, que es séptima generación de Melchor Concha y Toro, ya que su abuelo se casó con Lulú Concha.
El vínculo con el campo tomó forma oficial recién en 2018, cuando Felipe empezó a administrar la propiedad de 180 hectáreas junto a Noemí Marone Cinzano, hasta sellar más adelante el acuerdo de compra. En 2021 la ampliaron con otras 360 hectáreas más.
El campo, los caballos y los jabalíes
Felipe nos contó que se maneja en el campo con la misma soltura que en el patio de su casa, a pie o a caballo, y disfruta recorrer la Patagonia con sus hijos. Llegó incluso a navegar en bote el Río Negro hasta su desembocadura en el Atlántico. Ese conocimiento del territorio, adquirido explorando bardas, montañas y ríos, es el que aplica hoy al manejo de la finca, con una lógica de cuidado más que de imposición sobre la naturaleza del lugar.
Y en ese cuidado, uno de los desafíos concretos es la fauna local. Los jabalíes pueden destrozar un viñedo en pocos minutos cuando corren en jauría escapando de un puma. En Ribera del Cuarzo aprendieron a desviar esos recorridos con alambres sutiles, no alambrados tradicionales, que los animales detectan y que por instinto asocian con la presencia humana, lo que los aleja del viñedo sin necesidad de cercarlo.

Viticultura orgánica en Valle Azul
Felipe advirtió que las condiciones de Valle Azul se llevaban mejor con prácticas orgánicas y biodinámicas que con agroquímicos, y consiguió la certificación orgánica sin demasiada demora. Esa decisión trae aparejadas otras: en vez de frenar el viento con paredones de álamos, práctica habitual en la zona, en Ribera del Cuarzo dejan que el viento bañe los viñedos, porque la sequedad que genera es una forma natural de frenar las plagas. Lo que sí controlan son las consecuencias mecánicas de ese viento, con redes que además protegen de un granizo eventual y bajan la intensidad del sol en verano.
El suelo aporta otro elemento distintivo: el carbonato de calcio, conocido como barniz patagónico, forma de manera natural unas “pátinas blancas” que se ven tanto en la estribación de la barda como en buena parte de las piedras del suelo. De ahí toma el nombre uno de los vinos blancos de la bodega, el Ribera del Cuarzo Pátinas Blancas Sauvignon Blanc.
Los viñedos
El mapa de viñedos de Ribera del Cuarzo tiene varias piezas. En Valle Azul están las cinco hectáreas plantadas en el año 2000 (el viñedo Araucana, el original), sumadas a otras 22 hectáreas más nuevas, también al pie de la barda. A eso se agrega un viñedo que manejan y otro propio, a 17 kilómetros sobre la margen sur del Río Negro. La incorporación más reciente es un viñedo a 100 kilómetros del mar, pensado para elaborar chardonnay.
Además de sus propios viñedos, en la bodega capacitan y asesoran a productores vecinos, una forma de sostener el nivel de la materia prima que circula por toda la zona; parte de esa uva de terceros es la que compone la línea Clásico.

Un equipo de miradas, no una sola interpretación
En la bodega trabajan cuatro enólogos, y esa cifra no es casual: la idea de Felipe fue armar un equipo donde convivan distintas interpretaciones del mismo terruño en lugar de imponer una mirada única. El orden de llegada fue así: primero estuvo Felipe, después se sumó Nésti Bajda, luego María Eugenia Herrera, que se incorporó en 2022 para trabajar junto a Bajda en los vinos de alta gama. Más tarde llegaron Santiago Achaval y un enólogo riojano, que completan el equipo actual.
La parte agronómica de Araucana está a cargo de Fernando Enfarrel, mendocino, que pasó por Cobos antes de sumarse al proyecto en 2023.

La bodega, en tres módulos
En cuanto a las instalaciones de la bodega, la misma está dividida en tres módulos, con capacidad para 180.000 litros, y hoy produce 60.000 botellas al año. El objetivo de mediano plazo es moler 300.000 kilos de uva por temporada, una escala que, según contó Felipe, le daría a Ribera del Cuarzo la solidez económica necesaria para sostener toda la operación; para llegar ahí, el camino pasa por seguir plantando.
En el hall de entrada llama la atención un conjunto de 21 tinajas de distintas formas, tamaños y tonalidades, diseñadas y fabricadas de manera artesanal con arcilla local por una constructora especializada en barro, a diferencia de las tinajas de origen italiano o español que suelen verse en otras bodegas. Todavía están en fase de prueba: este año llenaron algunas con 3.000 litros de vino de prensa para verificar el aporte de microoxigenación y notas terrosas, con la idea de usar ese vino como componente de futuros blends.

El resto de las instalaciones combina tanques de acero inoxidable nuevos, cuatro pequeñas piletas de concreto con tapas de metal y base de losa radiante que son originales de la época de Cinzano, y dos huevos de cemento. Dos galpones metálicos, con una construcción típica de la Patagonia, completan el conjunto: uno funciona como sala de barricas, refrigerada y con control de humedad, y el otro como depósito de producto terminado.
De dos etiquetas a once
Hace algunos años atrás, Ribera del Cuarzo empezó con apenas dos vinos en la línea Araucana, un malbec y un blend. Hoy llega a once etiquetas repartidas en dos líneas. El nombre “Río de los Ciervos”, que aparece en varias de ellas, es un homenaje al pequeño pueblo de Tierra del Fuego donde nació Don Julio Menéndez Prendes, abuelo de Felipe.
Así las cosas, por un lado está la línea Araucana, compuesta por cinco vinos: Río de los Ciervos Malbec Rosé; Río de los Ciervos Malbec; Río de los Ciervos Pinot Noir, Araucana Malbec y Araucana Azul.
Por otro, está la línea Ribera del Cuarzo, compuesta por seis etiquetas: Clásico Malbec; Clásico Merlot Rosé; Clásico Merlot; Pátinas Blancas Sauvignon Blanc, Malbec Especial y Blend Parcela Única.

Gracias a Felipe Menéndez por la recepción y por abrir la bodega para contar, con datos y sin vueltas, cómo se construye un proyecto de vino en un lugar donde, hace no tantos años, nadie apostaba por plantar.



