Ferias de vino: Cómo se vive desde el otro lado?

En una de las últimas (tantas) ferias de vino que visité, 3D para ser más precisos, me encontré con varios conocidos. Entre ellos con Paula Kesler, colega del jurado de VinoSub30, quien estaba ahí de servicio.

Siempre me pregunté de qué forma nos veían quienes estaban del otro lado del mostrador, cómo es estar tantas horas parado ahí, sirviendo y sirviendo un vino tras otro, sonriendo y contando la historia de cada etiqueta.

Ya vimos que para mejorar y para destacar desde el lado del concurrente (?) hay varias cuestiones como bien explica Diego Migliaro en esta nota.

Entonces hice una cuenta rápida: Feria+Paula = relato desde el otro lado 😉

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Así que sin más vueltas les comparto el testimonio de Paula, quien nos cuenta un poco de su historia con el vino y hace un divertido estereotipo de quienes asistimos a las ferias:

Mi nombre es Paula Kesler, nacida y crecida al lado del mar. Soy de Mar del Plata, una ciudad donde el vino está viviendo su auge y cada vez hay más consumidores.

Transito el apasionante camino del vino hace ya algunos años, primero como aficionada y ahora como propietaria de una vinoteca familiar en el barrio La Perla. El mundo del vino me hizo conocer muchísimas personas, desde las más desinteresadas y frívolas hasta las más apasionadas por él.

Ahora bien, intentando responder al pedido de Nicolás la pregunta que surge es ¿Cómo es atender el kiosquito en una feria de vinos?

Para alguien como quien escribe, que le encanta hablar hasta por los codos, es una experiencia genial. Sobre todo cuando lo que servís te gusta… con más ganas lo explicás.

Lo más importante es brindar un buen servicio: cuidar la temperatura es clave a tener en cuenta en una feria, así como tratar de conocer lo máximo posible sobre lo que se está sirviendo.

La jornada puede ser algo extensa, siendo las primeras dos horas las más tranquilas y luego un caos de gente yendo de un lado para el otro buscando vino. Para el final, la muñeca se siente entumecida de tanto servir y te diste cuenta que pasaron más de 6 horas, no descansaste ni un minuto y no tomaste ni un poco de agua.

Aunque la verdad es que no podés parar. Cuando hacés algo que te gusta el tiempo pasa volando. Hay risas y anécdotas.

Y las anécdotas nacen muchas veces a partir de conocer a algunas personas que llegan al stand y las podemos dividir en:

Los sabiondos: esos que la tienen re clara, marean la copa, y hablan de los taninos redondos de ese vino que es TRE MEN DO después de haber pasado por toda la escala cromática de la feria y no haber bebido ni un vasito con agua. A esos les comparto mi proporción aurea de las ferias: al menos una de agua y una de vino hermano, y no necesitas tomar toooda la copa y, sí podés hacer uso del spitter. Cuidado cuando salgas, las escaleras son empinadas.

Los entrenados: ellos sí que tienen disciplina. Arrancan por los blancos jóvenes y van boyando de stand en stand cubriendo cada segmento. Si es una feria de varios días, los dividen en blancos y espumantes, rosados y tintos. Ellos anotan TODO en su libretita y suelen hacer preguntas aunque medio escuetas y rápidas porque saben que si se quedan charlando mucho no terminan de probar los quichicientos vinos que hay.

Los entusiasmados: ellos estudian, trabajan en el rubro o son enófilos curiosos. Son los que más quieren saber de esa bodeguita que no se conoce tanto, que no tiene ese vino que encontrás en el chino del barrio. Aman que les expliques todo, TODO. El tipo de uva, zona, crianza, biografía del enólogo. Esos son los que me ganan el corazón, son esos que les preguntás el nombre porque sabés que van a estar un rato largo pasando por toda la caravana de vinos que tenés para ofrecer. Si el stand se llena y demorás un poco no se ofenden, se quedan contentos esperando para seguir charlando.

La gente bien: esa que sólo se acerca a tu stand a pedirte “SHAMPEIN” o el vino más caro que tenés para ofrecer. Y luego vuelve, con el amigo, para decirle que pruebe ese vino porque “¡no sabés lo que está!”. Esa clase de gente, saca mi mejor sonrisa y ganas de que se vaya rápido.

Los amigos: si, esos, los que se te instalan al lado del stand y te miran esperando que le des lo mejor, “lo que tenés guardadito ahí abajo” y no se puede decir porque las novedades vuelan. Son los que te dicen tomá… “probá esto que está buenísimo” porque no se olvidan de vos y saben que no tenés tiempo para salir a recorrer. A ellos, sin lugar a dudas, es a quienes le sirvo con más ganas.

Más allá de las anécdotas y personajes que uno puede encontrar, luego de haber estado detrás de un stand aprendí que no hay nada más lindo que brindar una sonrisa a quien se acerca.

Realmente no cuesta nada. Las personas responden mejor y se hace más ameno un ambiente que, a veces, puede ser algo caótico. No nos olvidemos que el vino es disfrute y placer. Como humildes servidores es nuestra tarea que el vino pueda ser degustado de la mejor manera posible.

Feria 3D

Y ustedes con qué personaje se identifican más?

Gracias Paula por el tiempo para escribir y contar un poco cómo se vive desde el otro lado una jornada de feria. Salú!

 

*Foto de portada tomada de: http://zaragenda.com/

 

  1. Muy original, me divirtió leer como nos ven desde atrás del mostrador. Y coincido con Roberto en que debe haber muchas cualidades que Paula, muy correctamente política, omitió describir… Felicitaciones Nico por la idea.

  2. Querido NICOLÁS:

    Me ha tocado estar de los dos lados (infinidad de veces de cada uno), así que conozco bastante “el paño” !!

    Por eso, debo decir que esta señorita ha retratado a los diferentes personajes con gran exactitud, aunque con cierta condescendencia (seguro yo hubiese dicho cosas peores… jeje).

    Cuando voy como visitante sin duda soy del segundo grupo (nunca alcanza el tiempo para probar todo… y además hay que hacer un poco de sociales !!).

    Linda nota. Me gusta el enfoque.
    Abrazo. ROBERTO

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