La culpa fue de Alfredo #MiPrimeraVez

El post de hoy está dedicado a la movida que llevamos adelante los Argentina Wine Bloggers y que tiene que ver con nuestra primera vez en algo vinculado al vino, por supuesto.

Quizá el recuerdo hubiera quedado en el fondo de mis memorias, como lo estuvo hasta ahora, si no fuera por el hecho de escribir este post.

Muchos amantes, y no tanto, del vino tienen sus primeras vivencias con nuestra bebida nacional en edades bien precoces. Un vasito con un poco de vino y un chorro de soda o un chorrito en la ensalada de frutas les bastó para tener ese primer contacto.

En mi caso la cosa fue algo distinta. No fue hasta pasados los 20 años que tuve mi primera vez con el vino.

Consumidor recurrente de la cerveza, en la mayoría de los casos producto de las previas con amigos, el vino no estaba en mi lista de bebidas con alcohol aptas para el consumo pre salida (?).

Y entonces?

Bien, resulta que a veces se me daba por hacer visitas sorpresa (?) en la casa de mi abuelos maternos. La sorpresa era más para ellos que para mí, como debía ser.

En realidad la finalidad era comer rico y abundante. No es que en mi casa no sucediera pero la abuela Betty tenía mano y, aunque no decisivo para mis intereses de visitarlos, solía cumplirme todos los antojos 😉

El caso es que mi abuelo Alfredo tenía (y aún conserva) la costumbre de acompañar la cena con un vaso de vino incluso desde antes de la recomendación de Favaloro (?).

Así las cosas sucedió que en una de esas noches, mientras terminaba de poner la mesa, a Alfredo se le dio por servir tres vasos de vino. Uno para él, otro para mi abuela, y el último para mi.

Tomá, dejate de joder con la cerveza y probá el vino de una buena vez.Alfredo

Quizá no fue del todo así la frase pero es lo que recuerdo 😉

El vino en cuestión era un San Felipe 12 Uvas, el de la caramañola pero tranquilamente podría haber sido un López Clásico, un Valmont o un Rincón Famoso.

Siempre había vino en los de mis abuelos 🙂

Volviendo al 12 Uvas según Bodega La Rural, quien lo produce, la idea de esta etiqueta es honrar la tradición española de comer 12 uvas antes de que comience un nuevo año.

En esa época su valor era de $13,20, sí, no llegaba a un alto guiso de ahora.

No les voy a mentir. Ese primer contacto no me gustó, me resultó una bebida amarga (!) y muy alcohólica.

Pero por supuesto que me terminé el vaso, lo importante era compartir de igual a igual :), y descubrir por qué esa bebida, que me resultaba lejana, era tan importante para él y para quienes estaban en la mesa.

De ahí en más fui incorporando el hábito de tomar vino cada vez que compartía una mesa con mis abuelos.

Hoy, varios años después, todavía tengo la suerte de descorchar algo con Alfredo, compartir momentos y seguir creando recuerdos que es lo que al fin y al cabo te da el vino. Salú!

 

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