Hay proyectos que nacen con el pasaporte en la mano y otros que echan raíces profundas desde el día uno. En el caso de Sur de los Andes, la historia combina ambas cosas.
Tras años de éxito en el exterior, esta bodega comandada por Guillermo Banfi hoy consolida su identidad en Las Compuertas, abriendo sus puertas al turismo y buscando enamorar al consumidor argentino.
Pude conocer de primera mano la historia y el laburo que vienen haciendo cuando los visité en Las Compuertas durante el último viaje a Mendoza.
En ese momento, y junto a Tomás Milordo y Paul Weinert, pude recorrer sus instalaciones y entender por qué este nombre, que ya tiene 15 años de recorrido, está viviendo una suerte de segunda fundación.

La historia de Sur de los Andes arranca hace una década y media. En sus inicios, Guillermo Banfi comenzó elaborando sus vinos en la bodega Lamadrid junto a los hermanos Durigutti.
El proyecto nació con una vocación netamente exportadora: el 99% de su producción se destinaba a mercados internacionales, dejando muy poco volumen para las vinotecas locales.
Sin embargo, el sueño de la casa propia siempre estuvo latente. En 2019 comenzaron la construcción de su bodega actual en Las Compuertas, un distrito histórico de Luján de Cuyo.
Hoy, con tres vendimias ya realizadas en estas nuevas instalaciones, la bodega marca un punto de inflexión: el objetivo es crecer en el mercado interno y mostrar que sus vinos tienen mucho para decir en la mesa de los argentinos.

La bodega tiene una capacidad de 500.000 litros y está diseñada para trabajar con precisión y diversidad de estilos. En su interior conviven piletas de concreto, tanques de acero inoxidable, barricas y hasta ánforas, lo que permite al equipo enológico jugar con distintas texturas y perfiles.
El predio cuenta con 1 hectárea de viñedo propio plantada junto a la bodega, aunque el grueso de la uva proviene de distintos productores vecinos de Las Compuertas.

La enología de Sur de los Andes tiene nombres propios de peso. Pablo Durigutti sigue siendo el asesor enológico principal, marcando el estilo y la continuidad de lo iniciado años atrás.
En el día a día, la bodega cuenta con Tomás Milordo quien tiene un interesante background: antes de llegar a “Sur”, se formó trabajando en bodegas de renombre como Tapiz y el proyecto patagónico Wapisa, aportando esa experiencia técnica a los vinos de Las Compuertas.
Por otro lado, la hospitalidad —un pilar clave en esta nueva etapa de apertura— está a cargo de Paul Weinert, quien recibe a quienes se acercan a descubrir este rincón de la Primera Zona.



En cuanto a los vinos, pudimos probar casi todo el portfolio que incluye blancos, tintos y rosados. De ese repaso los tres que más me gustaron fueron el Reserva Pinot Noir, de buena tipicidad y volumen; el Reserva Cabernet Franc, de perfil frutado y equilibrado y; Los Chacayes Malbec Syrah, un corte sin sulfitos agregados que tiene buena fruta y paso fresco.
Me quedó claro durante la visita a Sur de los Andes que ésta dejó de ser solo una etiqueta de exportación para convertirse en un destino real, con ladrillos, viñas y una propuesta sólida que invita a redescubrir la bodega.
Salú!





