Si bien ya había podido probar sus vinos en ocasiones anteriores, tenía pendiente la visita a Clos de Chacras y en el último viaje a Mendoza pude saldarla.
Clos de Chacras está ubicada a unos kilómetros de la Ciudad de Mendoza y allí fue donde me recibió Jerónimo Genoud, ingeniero industrial que está desde hace 2 años en la bodega con el objetivo de ver los puntos de mejora para seguir creciendo en la elaboración y en la recepción de turismo.
La historia de Clos de Chacras comienza hace varios años atrás cuando Silvia Gargantini y Alejandro Genoud, los padres de Jerónimo, compran el edificio de la bodega en un remate a comienzos de los 90.
A aquellos que les suena el apellido de la madre de Jerónimo están en lo cierto, Silvia es bisnieta de Bautista Gargantini, fundador de La Colina de Oro.

Lo cierto es que justamente el bisabuelo de Jerónimo es quien le deja a su hijo Bautista Jerónimo este mismo edificio y se manda a mudar (?) a Rivadavia. Armada como una especie de experimento, lo que hoy es Clos de Chacras, para elaborar vinos finos, no funciona y finalmente la termina vendiendo.
Aquellos que la compraron sufren una clausura por adulterar vino con agua.
Como si fuera poco, por el lado de su padre, Jerónimo es descendiente del Ingeniero hidráulico italiano César Cipolleti quien fue contratado para proyectar las obras de riego de los ríos Mendoza y Tunuyán que concluyeron en el diseño de diques de embalse y que permitieron el riego en las estribaciones de la Cordillera de los Andes.

Volvemos a tiempos más actuales, a cuando allá por los 2000, Silvia y Alejandro deciden poner la bodega en funcionamiento acondicionado una sola pileta.
En ella hacen 8 mil botellas del hoy Gran Estirpe y con la ganancia de esa partida acondicionaron otra pileta, y así sucesivamente.

La idea de ambos siempre fue mantener la estructura lo más original posible salvo lo que está en contacto con el vino.
Para ello cambiaron las puertas de madera por aluminio, epoxiparon piletas y acondicionaron los techos, aunque la estructura sigue siendo de adobe.

Por la cercanía al centro de Mendoza empezaron a recibir turismo con visitas guiadas y maridajes y luego, para el año 2008, armaron el restaurante.
En él se puede disfrutar de un menú de 6 pasos que es acompañado de los vinos de la bodega, además tiene unas lindas vistas a los viñedos que lo rodean.
Y es que Clos de Chacras está dentro de un barrio privado que surgió de un loteo de parte de la finca. Al principio iban a levantar la viña, pero al final decidieron no hacerlo.

En cuanto a la uva, es toda de terceros, de productores a los que le compran desde hace 15 años. La del viñedo de la bodega la utilizan para Memorias de Ida, el vino icono de Clos de Chacras.
En cuanto a la comercialización, buscan llegar al 50% en exportación y 50% en mercado interno donde hoy tienen 100 mil botellas destinadas. En la bodega venden unas 15 mil botellas entre restaurante y turismo.

Sin dudas Clos de Chacras es una gran opción para darse el gusto de conocer una bodega con historia a pocos minutos de la ciudad de Mendoza.
Para hacer una reserva o consultar sus horarios pueden hacer click acá.
Gracias Jerónimo por recibirme. Salú!
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