Si hay un proyecto que encarna la inquietud y la búsqueda incesante de la diversidad en el vino argentino, es Mil Suelos. La historia nace del encuentro entre tres nombres de peso: Alejandro Sejanovich, Jeff Mausbach y Jorge Crotta.

Unidos por una amistad forjada durante más de 15 años de trabajo compartido en Catena Zapata, decidieron en 2010 dar el salto y comenzar a escribir su propia historia.

Colo Sejanovich y Jeff Mausbach
Colo Sejanovich y Jeff Mausbach

Lo que arrancó como un sueño entre amigos, primero con la adquisición de fincas propias en Altamira y Las Compuertas, hoy es una realidad tangible: una constelación de marcas y vinos que buscan reflejar el lugar de origen a través de la interpretación del suelo.

Si bien es algo clickbaitero, el título no es más que una de las definiciones favoritas de Jeff Mausbach para explicar el espíritu del lugar. Parece una contradicción, pero los números le dan la razón: en Mil Suelos se elaboran más de 80 vinos de alta gama y pequeñas producciones.

Algunos proyectos dentro de esas 80 etiquetas incluyen vinos de Manos Negras, Tinto Nero, Huichaira Vineyard, Teho, Estancia Uspallata y las Fincas entre otros.

Huevos de concreto en Mil Suelos
Huevos de concreto en Mil Suelos

Aunque la filosofía es artesanal, la escala y la precisión son impresionantes. La bodega funciona casi como un laboratorio a gran escala. Cuentan con una capacidad de 1,5 millones de litros y una sala de microvinificaciones equipada con tanques de diversos tamaños.

Esta infraestructura les permite gestionar más de 100 fermentaciones al mismo tiempo, una verdadera orquesta enológica dirigida por Nacho Morandini, el primer enólogo de la casa.

Piletas de concreto en Mil Suelos
Piletas de concreto en Mil Suelos

Durante sus primeros años, el equipo elaboró sus vinos alquilando instalaciones de terceros. Fue en 2016 cuando el proyecto maduró lo suficiente para echar raíces definitivas. Compraron la ubicación actual, una propiedad de 3 hectáreas (con una plantada y el resto dedicado a la infraestructura), donde realizaron su primera cosecha ese mismo año.

Hoy, ese espacio físico funciona como el núcleo que agrupa no solo la producción central, sino también proyectos satélites como Neiva, la finca de 8 hectáreas que poseen en Chachingo.

Una vista en Mil Suelos
Una vista en Mil Suelos

Como si fuera poco Mil Suelos ha abierto sus puertas al turismo con una propuesta bajo el concepto de una “cocina abierta”: sumergir al visitante en la realidad de la elaboración.

Así, no hay recorridos guionados que oculten la acción. La visita fluye desde la entrada directamente hacia la sala de microvinificaciones y luego a la de barricas.

La idea es que la gente vea cómo se trabaja realmente en las distintas épocas del año, integrando el disfrute del vino con el corazón productivo de la bodega.

Alugnos vinos probados en Mil Suelos
Alugnos vinos probados en Mil Suelos

La experiencia se completa con una propuesta gastronómica en su restaurante al aire libre. La identidad es claramente cuyana y se basa en el manejo de los fuegos, con el horno de barro como gran protagonista del menú.

Mil Suelos es hoy mucho más que un nombre en una etiqueta. Es una familia de más de 50 personas y un destino firme donde entender, en primera persona, la complejidad y la riqueza de los terruños mendocinos. Salú!

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